Tres estaciones obligadas: Julián Herbert, Jorge Fernández Granados y Tedi López Mills

Eva Castañeda Barrera
Universidad Nacional Autónoma de México

La poesía mexicana reciente ha visto nacer una cauda de voces que plantean estéticas diversas, en ocasiones contrapuestas. Atrás quedó la época de las líneas hegemónicas, donde todo era resumible en dos o tres grandes nombres, grupos o generaciones. Por el contrario, hoy cada poeta emprende su creación desde un horizonte homogéneo, con más o menos las mismas lecturas, bagaje o influencias, pero a partir de allí cada uno se decanta hacia su propia dicción, difícilmente reconocible como escuela o movimiento. No obstante lo anterior, es innegable la existencia de ciertos poetas que se han colocado como referencia obligada al momento de pensar la poesía mexicana de los últimos diez años: Tedi López Mills (1959), Jorge Fernández Granados (1965) y Julián Herbert (1971).

En virtud de lo anterior, el propósito de la presente ensayo será indagar por este fenómeno a través de tres libros que han obtenido importantes premios: Kubla Khan (2003) de Herbert, merecedor del Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2005, Principio de incertidumbre (2007) de Fernández Granados, que recibió el Premio Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer para obra publicada en 2008 y Muerte en la rúa Augusta (2010) de Tedi López Mills, el cual ganó el premio Xavier Villaurrutia. Estos libros son referencia obligada para entender las preocupaciones y apuestas formales que interesan a nuestra poesía más reciente. Creemos que al mirar la obra de estos tres autores es posible acercarnos a una parte de las propuestas de la poesía mexicana contemporánea. Sin dejar de reconocer que esta tarea se antoja titánica, pues el panorama de la poesía mexicana reciente cada vez se ensancha más, quizá el único riesgo es una escritura que desconozca la existencia de una tradición que le antecede y de la cual inevitablemente se alimenta; al respecto Malva Flores apunta:

Creo que somos tantos, que cualquier intento de panorama dejaría de lado propuestas interesantes, particularmente la de los poetas más jóvenes, que no tienen el peso de esa tradición sobre sus hombros. El olvido o el desconocimiento de la tradición puede llevarnos a repetir lo que las vanguardias latinoamericanas o la poesía norteamericana de hace más de medio siglo, ya hicieron. (Flores )

Kubla Khan de Julián Herbert

Hay poetas que perciben la tradición como una incalculable cuenta bancaria que inesperadamente les legó un tío lejano. Cautelosos, se acomodan a vivir de los holgados intereses sin poner nunca en juego el capital (porque, y si lo pierden todo?) Otros poetas, en cambio, ejercen su tradicionalismo con la actitud de quien hereda una casona y decide mudarse a vivir en ella. (Herbert, “Pitecántropo”)

La tradición es una casona si no en ruinas si en un estado susceptible de ser renovada. En este reacomodo todo encuentra un sitio: la poesía visual, sonora y la conciencia de lo poético como una realidad sintética, simultánea, múltiple y móvil. Dicha concepción presenta lo poético permeado por la interdisciplinariedad y la libertad formal, al tiempo que define buena parte de la poesía mexicana reciente. Julián Herbert se inscribe en esta línea, su poesía establece un diálogo irreverente con la tradición, aunque sabe también que puede nutrirse de ella.

A principios del siglo XIX Samuel Taylor Coleridge escribe Kublai Khan, un poema onírico en donde se exaltan los majestuosos paisajes de oriente. Un siglo después un poeta mexicanos retoma el titulo del texto para resignificarlo desde su horizonte histórico. No lo hace con la seriedad de Coleridge porque no cree en ella, escribe desde la cotidianeidad y cuando acude a la historia es para burlarse o reescribirla, sus fuentes no están en lo bello: “apostarle a lo decadente es apostarle a una visión moral del mundo, a una actualización de los valores morales; es poner en el centro la dicha y la honestidad.” (Herbert, “Apostarle a lo decadente”). La materia de sus textos la encuentra en el capitalismo, la cultura de masas y los mass media, etc., todo puede ser poetizado. En este sentido, el nivel semántico es el aspecto que encuentro más relevante para analizar su obra, pues sus exploraciones temáticas si bien no son novedosas o inéditas sí representan por mucho una exploración arriesgada en términos de los que otros poetas recientes han realizado con tiento y en muchas ocasiones mal. Aunque sí es importante destacar que algunos de los supuestos que hoy se toman por nuevos, son prácticas que ya se hacían en la modernidad y que han tenido su eclosión en la posmodernidad.

El libro de Kubla Khan reúne de manera precisa dos tradiciones: la culta y la popular, un epígrafe de Italo Calvino dialoga con fragmento de una canción de Alex Lora, o en un ejercicio de literatura comparada el opio de Coleridge se mezcla con los bombones de Cri-Cri. El conocimiento de la tradición le sirve a Herbert para reinstalar y reacomodar nuevas posibilidades temáticas, a ello se suma la capacidad del poeta de hacer entrar en contacto la alta cultura con lo popular: “Tengo fuentes heterogéneas: una formación académica muy tradicional y por otro lado una formación muy callejera. Me interesa el vínculo entre lo popular y la alta cultura. Hay una necesidad de mezclar los extremos.” (Herbert, “Apostarle a lo decadente”). Los recursos formales de los que se vale Herbert, son, diríamos, básicos, dado que no existe una gran complejidad estilística, pero si un tratamiento temático interesante, pongo por caso un fragmento del poema Don Juan derrotado:

Todas mis mujeres quieren estar con otro.
Me abandonan por un adolescente,
alaban a su esposo mientras yo las estrecho,
se van con periodistas,
con autistas,
con rubios bien dotados, con guerreros
y cantantes venidos de ultramar.
[…]
Celosas. Inconstantes.
Me arrojan de sus vidas como a un príncipe azul
que es echado de la fiesta de disfraces
con nada más que un vaso desechable en la mano.

(Herbert, Kubla Khan, 46-47)

Temáticamente se nos presenta el conflicto del desamor y el abandono, el léxico es eminentemente coloquial, aunque con un matiz diferente al que podemos encontrar, por ejemplo, en poetas mexicanos coloquiales de la década de los 70.  La primera respuesta es que Herbert pertenece a un tiempo histórico diferente, hecho que nos obliga a replantearnos el sentido de lo coloquial y de lo cotidiano en la actualidad, para explicar lo anterior, debemos remitirnos a la posmodernidad y más específicamente a una de sus características principales: la caída de los grandes relatos; abordar los temas trascendentales se ha convertido para muchos poetas en un planteamiento retórico que muy posiblemente no conduzca a nada, la estetización de lo cotidiano es una forma del arte que da cuenta del cambio de sensibilidad. A partir de esta premisa es que debemos acercarnos a la poesía reciente, resulta anacrónico e improductivo analizarla desde unos parámetros que ya hace mucho quedaron trascendidos:

Imposible entrar a ella [en la poesía] con los viejos esquemas de la modernidad triunfante; imposible abordarla con las teorías literarias tradicionales del siglo XX. Aquí hay algo que requiere un estudio más agudo y de mayor correspondencia con su desenvolvimiento; un análisis que esté acorde con las múltiples fragmentaciones que en la concepción orgánica del arte se ha operado y con la exploración de nuevas sensibilidades manifiestas en la poesía de última hora (Fajardo, “Poesía y posmodernidad).

Principio de Incertidumbre de Jorge Fernández Granados

Jorge Fernández Granados es considerado de manera prácticamente generalizada unos de los poetas más importantes de las últimas generaciones, goza de un reconocimiento unánime por parte de los diversos sectores ligados a la poesía mexicana. Su obra es una de las más sólidas de los últimos tiempos, cada uno de sus libros, desde La música de las esferas (1990) hasta Principio de Incertidumbre (2007) muestra una madurez poética que va en constante ascenso; su escritura da cuenta de un conocimiento de la tradición y de la vanguardia, vetas por las que ha caminado y de las que ha alimentado en mayor o menor medida a cada uno de sus libros. Parte de este conocimiento para subrayar que su poesía es heredera de estos dos momentos:

La mía es una poesía de muchas poesías. Es, por tanto, una poesía de la modernidad: proviene de ella, aprende de ella, discute con ella y finalmente es una transfiguración —muy personal— de ella. En cierta forma es la búsqueda de una síntesis entre la tradición y la vanguardia bajo las cuales la literatura mexicana se ha debatido en su desarrollo reciente (Fernández Granados, “Entrevista”).

Apegado más a la tradición que a la experimentación, su libro Principio de incertidumbre explora de manera sosegada por las posibilidades formales y recoge temas que están en el centro del espacio social contemporáneo. Su gusto por la ciencia y sus lecturas de libros de física, astronomía y biología han dado a su poesía de los últimos años un giro interesante, en tanto incorpora estas preocupaciones a lo poético. Principio de Incertidumbre alude a un principio propio de la física, esto resulta interesante, pues el autor encuentra en otra disciplina un término que según él, bien puede ser aplicado a la literatura. Emparienta de forma metafórica dos realidades, hecho que para él que da cuenta de la necesidad de llevar lo poético a beber de otras fuentes.

Formalmente en Principio de Incertidumbre hay supresión de signos de puntuación y mayúsculas en algunos poemas, –que son los menos– juega con la disposición tipográfica y con los espacios en blanco; asombrarnos por esto sería por demás ingenuo, pues la vanguardia ya experimentó con estos usos. En el nivel semántico o de contenido Fernández Granados de manera velada, pero visible para un lector mínimamente informado aborda temas de orden social como las muertas de Juárez en el poema Cada-ver, la modernidad tecnológica en Mp3 y el lenguaje científico que articula una parte del libro. Particularmente me interesa destacar la inclusión de estos referentes. Jorge Fernández Granados establece un diálogo con aquello que le circunda, reflexiona sobre temas que la poesía ha optado por dejar en el margen. Cada ver, por ejemplo, es un poema cuyo trasfondo temático son las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, en el texto va construyendo de manera simbólica un espacio que remite al hecho violento de la muerte. En palabras de su autor “Cada ver”: “busca ofrecerse como un monumento fúnebre en una frontera que es también la de un lenguaje límite.” (Fernández Granados, “Las elecciones”). Aquí un fragmento:

Cada ver
nudos ocultos de cuerpos mutilados en el amanecer del desierto donde pequeñas telarañas invaden con la certeza acumulada de la quietud sus cabellos sus párpados […]

Cada verdad

Cuenta una historia inconclusa que persiste semienterrada en las dunas terrizas cuenta los huesos que interrumpen la arena en la orilla de la carretera a casas grandes los torturados vestigios de la mutilación de cuerpos jóvenes tomados por asalto borrados de la tierra y entrando sin voluntad sin anuencia en la región oscura de la destrucción cuenta el osario de la soledad que descompone este prehistórico sol del desierto.

(Fernández Granados, Principio de incertidumbre, 59)

He tomado como muestra este poema porque encuentro que es uno de los más emblemáticos del libro, deja de manifiesto, como ya lo señalamos, su necesidad de dialogar con la realidad fáctica y en el camino trae a la discusión un tema que se desprende inevitablemente de esto: si la poesía se ha alejado de su realidad inmediata es porque el poeta lo ha hecho antes:

Para nadie es un secreto que la poesía, entendida como género literario, se hunde en su propio lastre de contradicciones y aparece ente el público –el poco que queda– como un galimatías, una interminable discusión de modos y una querella de procedimientos. El poeta parece haber pasado de la plaza pública al laboratorio secreto y en ese camino se ha defenestrado (Fernández Granados, “Islas que comulgan”, 30).

Indudablemente los puntos ya expuestos no agotan las lecturas que de Principio de Incertidumbre se desprenden. Creo, eso sí, que Fernández Granados deja de manifiesto la necesidad imperiosa de que el poeta ensanche la mirada y de cuenta de una realidad más allá de la inmanencia lírica en que de pronto parece sumergido el oficio poético.

Muerte en la rúa Augusta de Tedi López Mills

Nos enfrentamos a un libro de poesía atípico en la tradición poética mexicana que nos obliga mirarlo desde otras aristas. En principio, invita a repensar la definición de géneros literarios, mismos que hoy en día son un campo de confluencia, estudiarlos con un carácter normativo resulta por demás anacrónico y hasta inoperante; en la actualidad existe entre el lector y los géneros un pacto movible, maleable. Dicho pacto se hace latente en el libro Muerte en la rúa Augusta de Tedi López Mills, quien incorpora elementos de la narrativa, al punto de fusionarlos tanto, que el lector se pregunta si aquello que lee es un poema o una narración. Interrogante por demás legitima, en tanto el libro se muestra como un híbrido cuyo cuerpo es la suma de otros cuerpos. Al respecto la autora señala:

Muerte en la rúa Augusta es una apuesta interesante donde cuento una historia con todas las ventajas de la poesía: velocidad, síntesis, pero también con las de la narrativa en el sentido de que tiene una historia con capítulos y secuencia, con elementos de novela policíaca. […] Mi apuesta fue meter elementos de un triller en una forma lírica. (López Mills, “La poesía es una experiencia”).

Las estrategias literarias que sigue López Mills están bien trazadas: el protagonista es un hombre que ha perdido la razón, nombra desde la incoherencia, no es frenado por un orden que le imponga sus reglas. Su decir transcurre por lo aparentemente absurdo, lo incomprensible. Ello se advierte desde los versos iniciales: “Anónimo dijo: esto ni se lee ni se entiende” (López Mills, Muerte en la rúa Augusta, 11). Es decir, se nos entrega un caos, un libro que oscila en la indeterminación, pero que encuentra su justificación entre otras cosas, porque quien nombra está fuera de sus casillas. Así entonces, Muerte en la rúa Augusta “ni se lee ni se entiende”, o al menos no se lee ni se entiende como podríamos leer los poemarios El quíntuple balar de mis sentidos de Enrique Gonzáles Rojo, Peces de piel fugaz de Coral Bracho o Cantando para nadie de Francisco Cervantes –libros ganadores también del Premio Xavier Villaurrutia.

Si bien es cierto que cada uno de estas tres obras es dueñas de una individualidad propia y de un estilo definido, también es innegable que hay un punto básico que las comunica entre sí: su adscripción absoluta al género lírico. Esto les hace ganar un terreno que al menos hasta ahora para Muerte en la rúa Augusta es difuso, ya que su escritura ofrece más preguntas que certezas. Por ejemplo, ¿cómo leer un Poema-ficciónNovela en verso o Prosa en poesía, términos con los que definió la autora al libro? Muerte en la rúa Augusta decepciona las expectativas que tenemos acerca de lo que debe ser un poema, pues integra elementos aparentemente ajenos a lo exclusivamente poético. Aunque debemos recordar que desde las vanguardias el horizonte que se ha formado el lector puede ser transgredido, al mismo tiempo que el lenguaje poético también transgrede el sistema de las convenciones poéticas vigentes, esto mediante la ruptura del cliché, del lugar común y de la repetición de lo habitual.

Muerte en la rúa Augusta es un libro que se construye mediante un efecto totalizador: no es un libro de poemas, es un libro de poesía que se construye a partir de un efecto global. Su mérito no reside en la construcción de metáforas deslumbrantes a cada página, muy por el contrario, en ocasiones se mantiene a ras de tierra sin que por ello se pierda su sentido poético:

Lunes
hoy saqué la basura,
hoy desayuné dos panes con mermelada,
hoy me lavé los dientes,
hoy salí al jardín y saludé a los vecinos,
hoy no estaban los nietos de los vecinos,
hoy no estaba don jaime,
hoy comí, más tarde cené.

(López Mills, Muerte en la rúa Augusta, 22)

A la poesía se le pide que sus sistemas de tensiones e intensidades (Bousoño, Teoría de la expresión poética) se mantenga constante, la inclusión de pasajes meramente descriptivos pueden en apariencia inmolar el sentido poético, Carlos Bousoño señala que la aparición de estas notas referenciales poseen un sentido:

las zonas sin relevancia aparente deben asumir, sin embargo, un papel en el interior del poema: la de subordinarse a las principales, estar a su servicio de algún modo, por ejemplo, en calidad de modificantes de posteriores artificios intrínsecos, que son los que propiamente han de conmover nuestra sensibilidad. De lo contrario, por insensatas, serían materias muertas, y se manifestarían, ante todo, como defectos (Bousoño, Teoría de la expresión poética, 195).

Al respecto, es evidente que los pasajes poéticos alternan con aquellos que describen mediante un léxico altamente referencial. En virtud de este efecto, el lector pasa de la realidad factual a la estancia poética:

Otra vez hurga Gordon;
nunca en su vida, ya ocurrió su vida
y Gordón no recuerda cómo recordar,
se le atora el tiempo en el rectángulo
como un animal salvaje
que se azota contra los muros
y se va matando de tanto querer salir.

(López Mills, Muerte en la rúa Augusta, 29)

Regresamos a la pregunta inaugural, ¿cómo leer Muerte en la rúa Augusta? es un libro que exige una lectura diferente, pues emplea recursos formales que de ordinario no son usuales en la tradición poética mexicana. La inclusión de una narratividad exacerbada y lo que esta forma implica, nos hacen replantearnos muchos de los parámetros desde los que analizamos un poema; Bousoño señalaba en 1970 la posibilidad de que el poema aceptara y tolerara hasta en páginas enteras la distensión poética. Hoy, esto es un recurso, me atrevería a decir, de uso común. Aunque López Mills lo lleva al extremo y construye un híbrido muy particular.

En suma, estas tres voces son representativas de la poesía mexicana reciente porque han aportado elementos importantes a la construcción de una poesía que no desconoce el peso de la tradición, muy por el contrario, se nutren de ella, al tiempo que la enriquecen con los recursos que su horizonte histórico ha ido modelando. En este sentido, me atengo a las palabras de Haroldo de Campos: “UN NUEVO ARTE exige una óptica, una acústica, una sintaxis, morfología y léxicos NUEVOS” (De Campos, “ojo por ojo”, 103).

Bibliografía

Bousoño, Carlos. Teoría de la expresión poética. Madrid:  Gredos, 1970.

Campos, Haroldo de. “ojo por ojo a ojo desnudo”. Galaxia Concreta. México: UIA/ Artes de México, 1999.

Fajardo Fajardo, Carlos. “Poesía y posmodernidad. Algunas tendencias y contextos”. Espéculo. Revista de estudios literarios. VIII.20 (marzo-junio 2002). Web <http://www.ucm.es/info/especulo/>

Fernández Granados, Jorge. “Entrevista”. Tameme. Web <www.tameme.org>

—————. “Islas que comulgan con otras islas”. Rogelio Guedea y Jair Cortés (comps.). A Contraluz. Poéticas y reflexiones de la poesía mexicana reciente. México: FETA, 2003.

—————. Principio de incertidumbre. México: Era/ UDLA/ Gobierno del Estado de San Luis Potosí, 2007

Flores, Malva. “Los poetas dejaron de ser la voz incómoda” (entrevista). Casa nómada. Web. <http://www.malvaflores.com/>

Herbert, Julián. “Apostarle a lo decadente es actualizar los valores morales” (entrevista). La cábula. Web <http://lapluma.blogia.com/>

—————. “Pitecántropo de Julio Trujillo”. Letras Libres (marzo 2010). Web <www.letraslibres.com>

—————. Kubla Khan. México: Era/CONACULTA, 2005

“Jorge Fernández Granados”. Las afinidades electivas/ las elecciones afectivas. Web <http://laseleccionesafectivasmexico.blogspot.mx/>

López Mills, Tedi. “La poesía es una experiencia límite e intensa” (entrevista). Crónica de Oaxaca. Web. <http://www.cronicaoaxaca.info/>

—————. Muerte en la rúa Augusta. Almadía: México, 2009.

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