La ironía como recurso poético-retórico en poemas del movimiento de 1968

Jocelyn Martínez Elizalde

Mas si osare un extraño enemigo…
Himno Nacional Mexicano

A partir de la institucionalización de la Revolución Mexicana, idealizada como la salida absoluta a los problemas de atraso político y económico, los sueños de la patria mexicana apuntaron completamente a la esperanza sustentada en quimeras de progreso y prosperidad. Toda supuesta idea retrógrada ante esta aparente ideología liberal se convertiría en el “extraño enemigo” que por alguna razón ―seguramente opuesta al patriotismo diamantino― intentaba contraponerse al ímpetu fervoroso y a la inserción de un nuevo México que se dirigía hacia la anhelada modernidad.

La construcción del metro; la economía mexicana, disfrazada de firmeza; la estabilidad y la seguridad de un pueblo que por primera vez tendría la oportunidad de ser visto como una gran nación al serle otorgada la sede de los juegos olímpicos; todas estas glorias fueron perturbadas por un gran grupo de estudiantes, maestros, trabajadores e intelectuales, mismos que no podríamos englobar en algún estrato social específico, ya que sus orígenes eran diversos.

Después de varios enfrentamientos, ese “extraño enemigo” de una patria en ascenso fue sometido por las armas en la conocida matanza de Tlatelolco. A modo de una dolorida y solidaria respuesta, diversos escritores (algunos militantes; otros apenas simpatizantes; otros más ajenos al movimiento, hasta donde la ecuanimidad humana se los permitió) hicieron de la palabra poética testimonios avezados que se condujeron en el flujo opuesto al del discurso oficial. Esta violenta contramarea verbal tenía fines precisos, principalmente dejar constancia del hecho ocurrido el 2 de octubre. De forma inmediata se le podría considerar un testimonio más entre el resto, sin embargo, aún se distinguiría de los otros (llámense documentales, cuentos, fotografías, reportajes) por diversas razones: toda esta ferocidad de voces se protegió con la armadura de la poesía para decir, más que otros, que las cosas habían perdido los límites, que los hechos habían pasado al territorio de las pesadillas, que ya no se podría distinguir entre la verdad y la mentira, que aún de lo que vieras, tendrías que dudar; pero, por sobre todo, la poesía surgida del 68 se erigió con la idea de la palabra como lanza mordaz, que cuestiona, que agrede, que humilla si es necesario, y que siempre, ante todo, provoca.

El título de este trabajo refiere el uso de la ironía como un recurso con doble intención, un arma de doble filo que, al mismo tiempo que forma parte de una tradición poética, se convierte en un potente discurso que lleva de paso no sólo evocaciones, sino una ingeniosa intención reveladora y persuasiva.

En este breve ensayo se analizarán tres poemas en particular, los cuales forman parte de una enorme serie de poemas que tienen como temática los movimientos sociales en torno al movimiento del 68, la mayoría con referencia específica a los hechos del 2 de octubre. Los poemas elegidos son tres “Tlatelolco, 68” de Jaime Sabines, “Oh, César” de Eduardo Lizalde y “Lectura de Shakespeare (Soneto 66)” de Gabriel Zaid, mismos que comparten, entre otras cosas, el uso de la ironía como medio de notificación de lo sucedido.

Los poemas del 68, en particular los tres mencionados, coinciden en varias características: primero, en la decidida negación al olvido de los hechos; segundo, en la reiteración del amor a la pareja y a la patria como razón para seguir en pie; y tercero, en la crítica ante la contradicción entre el intento de modernidad, progreso y orden social frente a una matanza definitivamente poco civilizada.

Respecto a la ironía, deberemos tomarla no como una figura retórica en sí, sino como un aderezamiento a algún tropo o a algún tipo de discurso, es por esto que en el habla cotidiana, por ejemplo, la ironía puede construirse por medio de gestos, señas o, incluso, silencios. Además la ironía se encuentra oculta por medio de la referencialidad que el ironista siempre debe procurar, es deber del receptor detectarla y para esto se requiere que posea referentes contextuales e intertextuales.

En el caso de estos poemas, la ironía se construye mediante el uso de figuras retóricas como la hipérbole, la litote o atenuación (es decir cuando se afirma algo disminuyendo lo que se dice a modo de eufemismo), la preterición (cuando se declara que algo se omitirá o se pasará por alto, pero en realidad se insiste en ello), la alegoría, la antífrasis y la antítesis.

En cuanto a los referentes contextuales, es necesario que el lector tenga de trasfondo los hechos, el discurso oficial político y el de los medios. Cabe mencionar que es en el poema de Jaime Sabines en el que se hace mayor alusión literal a los sucesos, y no es el caso de Eduardo Lizalde y aún en menor grado en Gabriel Zaid. Desde el título, Sabines menciona el lugar y la fecha como una suerte de entrada a una nota informativa, en la primera parte del poema refiere los hechos comparándolos en cuanto a su carácter memorable con las huelgas de Río Blanco y Cananea, ahí mismo menciona las Olimpiadas y al ejército; hacia la segunda parte aparecen los medios de información cubriendo los hechos y la premura del gobierno por ocultarlo todo; contra esto aparece la voz de denuncia de un sujeto lírico que nos reitera los actos a pesar de la omisión de los hechos:

El crimen está allí
cubierto de hojas de periódicos,
con televisores, con radios, con banderas
olímpicas.

El aire denso, inmóvil,
el terror, la ignominia,
Alrededor las voces, el tránsito, la vida.
Y el crimen está allí.

Quien usa la ironía dice lo contrario de lo que quiere dar a entender, sin embargo, la ironía no representa falsedad, ni hipocresía, ni cinismo; el ironista quiere que el receptor descifre el verdadero mensaje y, al pasar por el toque irónico, la verdad decodificada será mucho más severa. De esta forma Sabines dirige el poema hacia la tercera y cuarta parte en que elabora una crítica a modo de preterición, insistiendo en el olvido de los hechos, pero repitiéndolos de tal forma que sea imposible pasarlos por alto:

4
Confiaremos en la mala memoria de la gente,
ordenaremos los restos,
perdonaremos a los sobrevivientes,
daremos libertad a los encarcelados,
seremos generosos, magnánimos y prudentes.
Nos han metido las ideas exóticas como una lavativa,
pero instauramos la paz,
consolidamos las instituciones;
los comerciantes están con nosotros,
los banqueros, los políticos auténticamente mexicanos,
los colegios particulares,
las personas respetables.
Hemos destruido la conjura,
aumentamos nuestro poder:
ya no nos caeremos de la cama
porque tendremos dulces sueños.

Tenemos Secretarios de Estado capaces
de transformar la mierda en esencias aromáticas,
diputados y senadores alquimistas,
líderes inefables, chulísimos,
un tropel de putos espirituales
enarbolando nuestra bandera gallardamente.

Aquí no ha pasado nada.
Comienza nuestro reino.

A toda esta parte se le suma la antífrasis,  en la que el subrayado de lo positivo sirve para poner en evidencia el valor negativo subyacente: “ordenar”, “instaurar”, “consolidar”, “aumentar”, “transformar”, “enarbolar”, “comenzar”; todas estas acciones incoativas son el espejo más claro del discurso político de ese sexenio. En la sexta parte, el poema concluye sagazmente con una amarga alabanza a la patria y a la construcción de sus falsos ideales:

6
La juventud es el tema
dentro de la Revolución.
El Gobierno apadrina a los héroes.
El peso mexicano está firme
y el desarrollo del país es ascendente.
Siguen las tiras cómicas y los bandidos en la televisión.
Hemos demostrado al mundo que somos capaces,
respetuosos, hospitalarios, sensibles,
(¡Qué Olimpiada maravillosa!),
y ahora vamos a seguir con el “Metro”
porque el progreso no puede detenerse.

Las mujeres, de rosa,
los hombres, de azul cielo,
desfilan los mexicanos en la unidad gloriosa
que construye la patria de nuestros sueños.

“Tlatelolco, 68” cuestiona no sólo una Revolución petrificada con la que el pueblo ha sido golpeado; debate, también, la memoria histórica de la nación y sus ideales, los héroes patrios, el gobierno y la economía mexicana, el progreso y la inserción de México a la modernidad y principalmente cuestiona al mismo pueblo mexicano y a cualquier posible receptor de este poema, ya que una de las principales características de la ironía es su valor perlocutivo, es decir, su intención de mover algo en el receptor y de sacarlo completamente de su papel de espectador.

En cuanto a la intertextualidad, es necesario mencionar que el poema de Lizalde dialoga con toda una tradición puesto que utiliza los epigramas para construir su crítica, mismos que en la literatura clásica utilizaron Catulo y Marcial y ya en la modernidad, Cardenal.

Para el caso de Eduardo Lizalde nos encontramos con un poema mucho más satírico, el poeta pasa de la forma solemne que implica el uso del vocativo, a la ridiculización absoluta de la figura del César o del dictador en general. La voz lírica asumida como poeta degrada radicalmente a la máxima figura de autoridad hasta convertirlo en perro o en cerdo. A través de todos estos recursos, en este poema la censura adopta la forma de un elogio aparente:

VII

Querido César,
hubiéramos podido ser amigos
si en el camino al Senado
no te hubieras convertido
―tan fielmente―
en mi perro.

XIII

No te preocupes, César,
por tus cándidos hijos.
si tu especie se extingue
será una bendición:
pueden prohibirse
en forma constitucional
los matrimonios entre cerdos.

“Oh, César” coincide con los otros poemas en la insistencia por conservar en la memoria los hechos ocurridos para que éstos no se repitan, asimismo reitera la participación del pueblo en la creación de la patria como ideal, pero también como realidad. El poema ostenta la desmesura con la que se conduce el “César”, quererlo todo y tenerlo con base en la corrupción y la crueldad:

III

El César manda,
no hay duda
por eso van al zócalo
estos puercos.

VIII

Yo sé que la Revolución
César magnánimo,
necesita destruir
―en bien del pueblo―,
algunos cuantos
asesinos infieles.

Terminarás siendo el único habitante
del imperio.

XII

Muerto irás al fin, César.
La muerte halló en tu cuerpo
presa tardía.
Y eso fue un arte, lo admito:
has inventado el más sublime
sistema de soborno.

Desde el primer epigrama el sujeto lírico se compadece de aquellos que alaban al César y del mismo gobernante por rodearse de semejante séquito. Asimismo maldice a un pueblo que es capaz de venerar a un héroe inventado:

I

César, no tiembles,
sólo existe una cosa
peor para ti
que mi desprecio,
y es el sincero amor
de aquellos que te sirven.

XI

César: acuden a tu entierro
y lloran con sinceridad
cuatro millones de almas.
quiere decir todo eso
que este pueblo está maldito.

Lizalde refiere a un gobernante específico debido al contexto político en que se escriben estos epigramas; sin embargo, el sujeto lírico aclara en el colofón la idea de que el dictador al que va dirigido este poema no es especial, ya que antes y después de él ha habido y habrá otros tantos iguales a quienes indistintamente podrán ser dedicados estos epigramas.

XIV: Colofón

Una palabra más, César:
no creas
que todo el tibio y graso lodo de este libro
es para ti.
No hay un solo poeta tan estúpido
como para escribir un libro
contra un solo dictador,
y no hay un dictador
tan vil y carnicero
que sea capaz, él sólo
de inspirar un libro.

Retomando el asunto de la intertextualidad, en el caso del poema de Gabriel Zaid, el diálogo con la tradición literaria es aún más fuerte, ya que se trata de una paráfrasis del soneto 66 de William Shakespeare y como resultado surge un texto que se inserta perfectamente en el conjunto de los poemas sobre el movimiento estudiantil, como muestra irónica de la repetición espiral de la historia. A pesar de todo, frente a esta postura trágica, la voz lírica expresa al final un destello de esperanza que proporcionan el amor a la mujer y el amor a la patria.

               

                Lectura de Shakespeare

                (Soneto 66)

Asqueado de todo esto, me resisto a vivir.
Ver la Conciencia forzada a mendigar
y la Esperanza acribillada por el Cinismo
y la Pureza temida como una pesadilla
y la Inquietud ganancia de pescadores
y la Fe derrochada en sueños de café
y nuestro Salvajismo alentado como Virtud
y el Diálogo entre la carne y las bayonetas
y la verdad tapada con un Dedo
y la Estabilidad oliendo a establo
y la Corrupción, ciega de furia, a dos puños: con espada y balanza.

Asqueado de todo esto, preferiría morir,
de no ser por tus ojos, María
y por la patria que me lo piden.

Por medio del polisíndeton el soneto muestra una serie de ideas antitéticas que parecen perder los límites entre ellas al grado en que no se logra diferenciar una de la otra, en el verso diez, añade además la similitud fónica entre “estabilidad” y “establo”; asimismo, en el verso once transforma la alegoría de la justicia ciega, potente y equilibrada en su opuesta: la corrupción, también ciega y potente, pero siempre desmesurada.

El poema de Zaid tiene varias particularidades frente a los otros dos, primero que nada está dirigido a un público más culto, por lo que su decodificación no es tan inmediata; segundo, no muestra referencias claras a la matanza de Tlatelolco, es decir, puede aplicarse de forma mucho más general, de hecho se construye mediante la generalización de conceptos universales: Esperanza, Pureza, Fe, Virtud, Justicia. A pesar de este distanciamiento, aparecen ciertos guiños que caracterizan al poema como parte de este contexto de desprecio al sexenio de Díaz Ordaz. Quizá la principal forma de resignificar el poema es la referencia a la mujer mexicana, representada por el nombre “María”, en el soneto de Shakespeare dice simplemente “mi amor”.

A modo de conclusión insisto en el hecho de que con base en el uso de la ironía, los poemas causan un efecto distinto del que proporcionaría una crónica, un documental, una fotografía o incluso un testimonio, pero dejo como pregunta precisamente una contradicción irónica que se debate entre la permanencia y el olvido de los hechos, es decir, ¿Qué tanto puede conservarse el efecto irónico en un texto que se va desgastando no tanto por las lecturas que pudieran convertirlo en lugar común; sino que por el paso del tiempo, se alejara a los posibles receptores del contexto necesario para que sea descifrable y para que conserve además el efecto irónico? El contexto actual permite además la relectura de estos poemas escritos a partir de referentes históricos específicos ocurridos hace más de medio siglo y que, sin embargo, resuenan y se resignifican y además dialogan con las nuevas formas de denuncia.

BIBLIOGRAFÍA

Ballart, Pere. Eironeia. La figuración irónica en el discurso literario moderno. Barcelona: Quaderns Crema, 1994.

Beristáin, Helena. Diccionario de retórica y poética. México: Porrúa, 2006.

Campos, Marco Antonio y Alejandro Toledo. Poemas y narraciones sobre el movimiento estudiantil del movimiento de 1968. México: UNAM, 1998.

Lizalde, Eduardo. Nueva Memoria del tigre: Poesía (1949-2000). México: FCE, 2005.

Sabines, Jaime. Recuento de poemas. 1950-1993. México: Joaquín Mortiz, 2003.

Zaid, Gabriel. Obras. Volumen 3. Crítica del mundo cultural. México: El Colegio Nacional, 1999.

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