Peregrino de José Vicente Anaya y Reducido a polvo de Vicente de Aguinaga: formas de la brevedad en la poesía mexicana contemporánea

Alejandro Palma Castro
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

La brevedad como forma poética no parece abundar en la historia de la poesía mexicana. Quizás la influencia barroca sea determinante para que hasta en su propia negación (las formas poéticas del siglo XIX) se acuda a una retórica de la abundancia para plantear diversos temas. A quien se puede señalar como introductor de una de las formas breves de la poesía mexicana más común es a José Juan Tablada. Para ello ha debido importar las nociones de brevedad del haikú japonés y plantear lo que denominó “poemas sintéticos”. A través de su prólogo, escrito en forma de poema, para Un día… Poemas sintéticos (1919), Tablada establece una forma de brevedad poética:

Arte, con tu áureo alfiler
las mariposas del instante
quise clavar en el papel;

en breve verso hacer lucir,
como en la gota de rocío,
todas las rosas del jardín;

a la planta y el árbol
guardar en estas páginas
como las flores del herbario.

Taumaturgo grano de almizcle
que en el teatro de tu aroma
el pasado de amor revives,

¡parvo caracol de mar,
invisible sobre la playa
y sonoro de inmensidad! (365)

A través de una metáfora, “mariposas del instante”, es como el poeta, alumno de Manuel M. Flores, fija el proceso creativo que estos poemas sintéticos tratan de dimensionar desde la brevedad, lo cual queda señalado en la segunda estrofa de este poema. Lo que sigue es un proceso metonímico que por extensión habrá de marcar la inmensidad: una flor por la planta o el árbol; el olor de un grano de almizcle por la evocación de la amada y el drama amoroso; el sonido de un caracol de mar por todos los sonidos del entorno. Es así como, a partir de un día con sus fases (mañana, tarde, crepúsculo, noche), Tablada compone una serie de instantes, casi todos referidos a la naturaleza y animales o insectos, desde donde se contempla la inmensidad del universo. Es el día un microcosmos de la eternidad. En uno estos poemas se lee lo siguiente:

MARIPOSA NOCTURNA

Mariposa nocturna
a la niña que lee “María”
tu vuelo pone taciturna… (381)

Si ya en el prólogo la voz poética nos había advertido que un instante poético es una mariposa, entonces esta mariposa, más que el lepidóptero, es una especie de estro flotante en el ambiente, el cual queda captado a través de la conmoción de una niña con la novela de Issacs. Quizás en la actualidad no sea la imagen más apropiada, me refiero a la novela, sin embargo, dados los contextos de escritura del poema y la formación romántica del poeta, podamos captar la esencia de este instante donde el arrobo estético es una mezcla del entorno exterior, lo que fluye o vaga “por los espacios subconscientes, o exteriorizadamente inconcretos” dirá Carlos Oquendo de Amat, un poeta peruano vanguardista previo al surrealismo, con otro tanto del entorno interior. Se trata entonces del proceso mismo de la creación poética.

Bajo este marco de acción es que esta forma de brevedad poética se ha convertido en la manera más usual de la poesía mexicana contemporánea. Puede notarse esto en la poesía de Octavio Paz, sobre todo pasando su periodo oriental, a finales de la década de los sesenta. En estos poemas Paz ensaya una brevedad en extensión y número de versos, los cuales, mediante el proceso de la metonimia, se proyectan hacia una totalidad. Sin embargo, no me detendré en su obra porque prefiero mostrar otras variantes de esta forma breve en poemarios más recientes: Peregrino (2002), de José Vicente Anaya, y Reducido a polvo (2004), de Luis Vicente de Aguinaga.

Peregrino portadaPeregrino, de Anaya, es un libro de poemas que continúa los procedimientos de su célebre poemario Hikuri (1987). La influencia de la filosofía oriental que retoma tras la lectura y traducción de poetas beat norteamericanos se funde con la cosmovisión Rarámuri. En Peregrino amplía esa cosmovisión a un paisaje más amplio en la República Mexicana, del cual la voz poética se vuelve parte:

¿cuándo empecé este viaje
que no tiene principio
y amenaza con nunca terminar?
los parajes me invitan al descanso
/soy parte del paisaje/
cuando toca mi cuerpo la brisa de unos labios
y me rinde los brazos del amor. (23)

Bajo esta premisa de fundirse a través de varios parajes en México, incluso en Los Angeles en E.E.U.U., la voz poética se encuentra en Yáxchilan y entre el viaje en avioneta, pero también con algo de motivación interior: “/volé otra vez con psilosybe/” (32), en el “Templo del Rey” relata la siguiente imagen:

Alrededor de un estanque
(en silencio y algarabía)
los insectos se engalanaron:

bermellón (hormigas)

magenta (mariposas)

bruno                  (moscardón)

prieto                  (grillo)

cobalto    (escarabajo)

ocre                     (zancudos)

[…]

todos estos colores

se derretían y alternaban

(lentos zigzagueantes e inmóviles)

y se mezclaban y se diferenciaban

para cantarle a la Creación
por su grandeza… (34-37)

Al igual que en Tablada, todo se proyecta hacia la “Creación”. La voz poética hace una lista sintética de insecto y color para darle sentido a la grandeza exterior. Nuevamente se trata de proyectar, desde un proceso de percepción interior, la magnificencia exterior; para establecer una relación armónica entre el sujeto y la naturaleza. Parece que ésta ha sido la forma breve predominante en la poesía mexicana contemporánea, la cual se expresa retóricamente a través de la metonimia. Aunque en el caso que acabo de citar de Anaya la relación se plantea mediante el paréntesis, más adelante, cuando intenta definir la poesía, acude a una metonimia donde relaciona al sujeto con el estro:

POESÍA

eterno destello eterno
que se alimenta
del alma y de la sangre
de todos los poetas (80)

La inversión es interesante: ya no se trata de captar lo que se encuentra afuera palpitando, sino que desde la misma constitución del interior de un sujeto se refleja, o más bien constituye el exterior. A través de las metonimias que relacionan algo abstracto del sujeto, alma, y lo concreto, sangre, es como la voz poética plantea la constitución de la poesía; ésta es un destello, algo así como la noción aristotélica del éter, pero también budista, la cual se nutre de la armonía que el sujeto consigue que entre su interior a través de lo metafísico y lo fisiológico. El poeta, al lograr ese punto, entonces alimenta una luz que será la poesía.

Reducido a polvo portadaNo deja de ser interesante que por diferentes vías, tanto Tablada, siguiendo el haikú japonés, como Anaya, tomando el budismo zen y haciendo una combinación de la cosmovisión en varias culturas originarias de México, conciban la brevedad poética casi con los mismos recursos, con el objeto de lograr una trascendencia. En ambos casos se trata de explicar algo tan complejo como la naturaleza desde el sujeto mismo. Y para ello la voz poética se aleja y queda en un espacio de enunciación ajeno.

Con recursos similares, pero procedente de otra tradición, se plantea la brevedad poética en el poemario Reducido a polvo de Luis Vicente de Aguinaga, ganador del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en 2004. Aguinaga plantea su brevedad directamente de la vía de poesía pura española, que comienza con Juan Ramón Jiménez, y una de sus vertientes continúa en Jorge Guillén para llegar a José Ángel Valente. Esto es evidente a través del poema in memoriam que le dedica a “J. Á. V.”, donde se lee en la última estrofa:

Pudiéramos fingir que no hay sonidos,
que no brotan los nombres
de nada que no sea el silencio.
Pero lo cierto es que hay más bien demasiados
y todos te convocan, apresándote. (37)

La idea del silencio brotando de la nada es una propuesta mística no necesariamente religiosa, sino espiritual, desde donde se busca la esencia del lenguaje para trascender a través de dicha experiencia. Aguinaga es certero en su homenaje póstumo y deja entrever su proceso de composición desde la nada:

Ni el cuerpo se mide por sus pasos
ni el cuenco de la voz por sus palabras.
El cuerpo, de una pieza, calla y se deshace. (“Proverbio del Apóstol Pablo”, 85)

En esta idea de la trascendencia desde el interior el sujeto parece también ser una constante en algunos poemas de Aguinaga, aunque el proceso sea distinto dada la tradición a la cual él acude, más española que mexicana. No obstante, en ese mismo poemario encontramos un fiel “poema sintético”:

En las palomas de la plaza
cultiva su auditorio más ilustre
la voz que las ahuyenta. (“El público”, 44)

Desde la misma agudeza que aplica Tablada para sus poemas breves, Aguinaga deja un paisaje que desde luego concierne a la preocupación que cruza todo el poema, la voz o la palabra que se vuelve nada.

Como decía al principio, parece que la brevedad no es un lugar de uso común en la poesía mexicana, y sólo hasta la escritura de Tablada, con sus “poemas sintéticos”, es como se ha establecido una tradición que tiende hacia la trascendencia, vía la armonía entre el sujeto y la naturaleza. Brevedad entonces, en la poesía mexicana, debe entenderse como una suerte de experiencia estética que, desde la conmoción al lector, le provoca también una experiencia espiritual. Esto es evidente, desde dos caminos expresivos distintos, en los poemas de Anaya y Aguinaga. Más que la extensión de palabras o versos, la brevedad en la poesía mexicana viene determinada por su propósito legado por Tablada. Así, por ejemplo, los versos largos en el libro de Aguinaga en realidad son breves por la concisión sintáctica que remite al origen del sentido[1]. Asimismo, muestra una capacidad, poco vista en los poetas mexicanos, para condensar el verso y llegar a extremos de un absoluto sentido, como en la sección “Que un día cesara”.

BIBLIOGRAFÍA

Anaya, José Vicente. Peregrino. México: Alforja, 2002.

Anaya, José Vicente. Híkuri (y otros poemas). México: Conaculta y Plaza Valdés, Serie El Nigromante, 2002

De Aguinaga, Luis Vicente. Reducido a polvo. México: Joaquín Mortiz/inba/Conaculta, 2004.

Tablada, José Juan. Un día… Poemas sintéticos [1919]. En Obras completas I. Poesía, unam, México, 1971.

Oquendo de Amat, Carlos. 5 metros de poemas. Lima: Minerva, 1927.

NOTAS

[1] Encuentro una excepción en “Puerta de servicio”, donde la factura López Velardiana del poema (no por nada ha usado un epígrafe del poeta de zacatecano) es evidente en la construcción de algunos alejandrinos mas coloquiales.

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