Edwing Roldán Ortiz

Documentos. Acercamientos a la crítica poetica en México

Breviario del I Debate Independiente de Crítica Poética 2013

Jorge Aguilera López
CEPE-UNAM
SIPMC

PRESENTACIÓN

Entre el 13 y el 23 de noviembre del 2013, se llevó a cabo el I Debate Independiente de Crítica Poética organizado por la editorial Verso Destierro, bajo la coordinación de Adriana Tafoya y Andrés Cisneros de la Cruz. En palabras de los organizadores, la intención de este evento fue la realización de un debate múltiple, donde convergieran “académicos, medio académicos y nada académicos”, bajo la premisa de sumar voces a la discusión en torno a los múltiples caminos que la crítica poética, “un ejercicio que se ejerce”, puede recorrer en el México contemporáneo. Desde su perspectiva, la denominación “independiente” de este debate busca hacer manifiesto que, fuera de las instituciones “oficiales” (en sus palabras, con financiamiento estatal), “hay propuestas significativas y trascendentes, y que los recursos cuantiosos que se destinan a la investigación en universidades o institutos, no garantizan un ejercicio real de la crítica”.

En términos generales, los aspectos abordados a lo largo de este encuentro tuvieron como tema principal la necesidad de la lectura crítica de la obra poética y de la tradición poética, los diversos factores (sociales, políticos, económicos, históricos) que determinan el ejercicio de la creación poética y, por ende, de la crítica sobre este género, además de recuperar las opiniones personales de los participantes sobre cuál debe ser el papel y la responsabilidad del crítico frente a la poesía.

En un afán de pluralidad, y en colaboración con el equipo de Verso Destierro, el Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea presenta este breviario que recupera fragmentos de las opiniones vertidas por participantes en este Debate. Más allá de compartir o no las opiniones aquí expresadas, creemos que, en la medida que se amplíe el margen del debate, será posible pensar la crítica sobre poesía como un ejercicio serio, firme y eficaz, premisa que este Seminario comparte con los organizadores de este ejercicio.

 Verso destierrO

Crítica y validación en México: Baudelaire y Flaubert otra vez

José Manuel Recillas

En diversos espacios, especialmente en redes sociales, se discute sobre la situación de la poesía mexicana “actual”. El término reaparece en el subtítulo de la antología preparada por Pedro Serrano y Carlos López Beltrán, y no pocos poetas, como Marco Fonz, muestran su suspicacia sobre el uso del mismo. Con vehemencia a veces digna de mejor causa, es posible observar cómo se hacen afirmaciones temerarias en nombre, y a la usanza de The Who, de “mi generación”. Es “mi generación” la que está escribiendo los mejores poemas, y censurando a quienes no lo están haciendo o se promueven como si lo hicieran, la que cuestiona el discurso estético vigente, la que va a cambiar los usos y costumbres literarios. Pero uno ve a esa “generación”, y a casi todos sus integrantes, vinculada a grupos o personajes de “generaciones” previas, cuyos usos y costumbres no han variado un ápice con el paso de los años, antes bien se han afianzado y perpetuado. Lo mismo sucede cuando se habla de la crítica, de sus funciones y de las necesidades que ésta debe cubrir, de su ausencia y de sus faltas. Hay un consenso más o menos generalizado de que la crítica prácticamente ha desaparecido, y de que la poca que se hace es pobre y de mala calidad. Sin embargo, en ambos casos, me parece, la discusión no se centra en lo fundamental, sino en aspectos que podríamos llamar discursivos o superficiales, no estructurales. En efecto, vemos cómo se reproducen quejas sobre el discurso dominante en la poesía, pero con muy pocas excepciones, todas se hacen desde la ola misma de ese discurso y, más obvio aún, desde sus herencias y sus estructuras, de eso mismo que algunos denuncian, sin salirse de su dinámica en los hechos.

La crítica es un instrumento ideológico de validación, instaurado en los albores de la Modernidad por Baudelaire, y desde entonces ha funcionado de esa manera, opuesto al “régimen de nuevos ricos sin cultura, todo él marcado con la impronta de la falsedad y la adulteración, el prestigio que la corte atribuye a las obras literarias más banales, aquella que toda la prensa vehicula y ensalza” (P. Bourdieau, Las reglas del arte, Barcelona, 1995, p. 95). Señalar cualquier cuestión sobre la crítica sin considerar este elemento estructural de validación, y más aún, sin cuestionarlo, como hicieron Baudelaire y Flaubert en los albores de la Modernidad, es una contradicción que debería bastar para invalidar cualquier discusión al respecto, pues la situación estructural de este ejercicio en nuestros días parece haber llegado a un punto de inflexión en el que toda reflexión al respecto se vuelve un dar vueltas en círculo que no conduce a nada más que a la discusión inútil de la autoridad: qué nombre y opinión tienen más peso, quién se coloca del lado de la balanza final de la verdad, qué pasado valida el presente desde el cual deseamos convalidar el futuro. En aras de este discurso excluyente, unicista y unidimensional queda empeñada la posteridad. El Olimpo aquí y ahora. Magris tenía razón: al que tiene, se le dará más, y al que no tiene, se le quitará lo poco que tenga.

Desde esta perspectiva, la crítica de nuestros días no busca dialogar, razonar, ni aclarar nada, sino canonizar, hacer el santoral del futuro, desde hoy, sin derecho a réplica, en nombre de una visión, de una repentina iluminación, de una sola estética, excluyente. Lo que ates en nombre del presente, no lo desate nadie en el futuro, podría parafrasearse. Se discute sobre la belleza, el lenguaje, y la incidencia de estos sobre la realidad. Debería cuestionarse el sistema, la estructura que hace posible semejante desvarío. No es un asunto de autoridad. La estructura original de validación se ha estratificado a tal extremo, que es ya una costra inerte, un fardo sobre el cual no vale la pena ya discutir. Un Estigia sobre el que revolotean buitres. Si la crítica va a renacer no será discutiendo los mismos temas, sea desde el centro o sea desde la periferia. De allí no se saldrá limpio. Es necesario romper el círculo vicioso de la retórica, abrir el espacio a la diversidad, leer y actuar desde ese mundo negado y rechazado, volver a los tiempos de la Modernidad naciente en que nada había y todo estaba por hacer. Siglo y medio después, necesitamos de nuevo a Baudelaire y a Flaubert.

 

 

La crítica insuficiente

Guillermo Vega Zaragoza

Al igual que la crítica literaria en general en México, la de poesía resulta insuficiente y limitada para la gran cantidad de producción poética que hay en el país. En las revistas y suplementos establecidos, la crítica de poesía es prácticamente nula. El Periódico de Poesía de la UNAM sobrevive ahora en su versión digital como un pequeño oasis. Casi todo se ha volcado hacia la Internet. Muchos blogs y sitios dedicados a publicar poemas y de vez en cuando crítica, aunque más bien se trata de reseñas de desigual calidad o de noticias sobre la aparición de tal o cual poemario. Las antologías, que son también una forma de ejercer la crítica, son más frecuentes, pero a todas luces insuficientes. Hay desde las que se pretenden canónicas hasta las que son francamente deplorables, por el poco rigor de los seleccionadores. En algunas de ellas, los criterios de inclusión son poco claros, sin sustento, y casi siempre corresponden a cuatachismos y agendas ocultas y mezquinas de grupitos en busca de un supuesto poder cultural.

 

 

Situación actual de la crítica de poesía

Jesús Gómez Morán

En la actualidad prácticamente existe una total ausencia de crítica especializada en poesía dentro de nuestro país. Cuando asistimos a una presentación de libros o leemos alguna referencia en periódicos y revistas, más que una nota crítica lo que se realiza es una reseña de la obra en cuestión: se pueden señalar temáticas, influencias, estilo, léxico, pero casi nunca encontramos un argumento de peso sobre el cual se asiente su valía (y en otras ocasiones el crítico de marras se sale por la tangente al punto de que omite externar cualquier opinión sobre la calidad de los poemas comentados). Las razones de este tipo de ejercicio pseudocrítico se deben a la búsqueda de estatus dentro del medio: trayectorias que se construyen con base en el otorgamiento de becas y premios, pero cuya obra pasa casi inadvertida (o analizada maniqueamente: exaltando sus virtudes y obviando sus defectos).

Además esta ausencia crítica especializada tiene una repercusión muy grave: la podemos hacer responsable de que la poesía en México carezca de la altura que el siglo pasado tuvo. El mero ingenio o el talento en estado puro no son suficientes para mantener el nivel de nuestra tradición poética: más bien necesita apuntalarse a partir de los criterios de depuración, de una maceración de la palabra poética no sólo en los talleres y con los editores de revistas y casas editoriales, sino con gentes del gremio que eleven el rango de exigencia mínima para este tipo de obras. En busca del justo medio, es de esperar que este tipo de crítica se incline más hacia la dureza y la injusticia (prolífico germen para el debate) que hacia el beneplácito y la aceptación unánime. Y una última petición: que regrese la sana costumbre de realizar prólogos a las primeras ediciones de libros de poesía, pues bien podrían ser un primer estrado para el ejercicio crítico como en su momento lo fueron los prólogos de Justo Sierra a Versos de Luis G. Urbina, o el de Eduardo de la Barra (y después de Juan Valera) a Azul… de Rubén Darío.

 

 

La precisión de la poesía, la crítica

Estephani Granda Lamadrid

No hay otro modo de precisar a la poesía sino es a través de la crítica. La crítica, quiero entenderla, como un medio para acercarse no sólo un poema, autor o poética, sino que analiza al fenómeno desde su contexto global e inmediato. Es decir, la crítica permite y reconoce (o no) la aparición del poema-poeta-poética de modo tal que se puede dejar un registro de buena manufactura sobre los cambios formales y de percepción que de ellos emanan. En este sentido, el trabajo del crítico, específicamente de poesía, aún se encuentra inacabado y con asignaturas pendientes. Es cierto, hay unos pocos críticos en cuyas visiones recae definir los linderos de la poesía y la forma en que se gesta y entiende pues su pluma es, en cierto modo, una autoridad para algunos, una guía para otros (o quizá una piedra en el zapato para el resto).

Por estas mismas razones es necesario que tengan a bien desarrollar un verdadero aparato crítico y al menos un ojo, oído o lengua poética, (idealmente, me gustaría que los críticos fueran “poetas interesados en la poesía” y no como en algunos casos, resentidos, poetas frustrados; aunque por otro lado, un crítico nunca saldrá bien librado del dedo acusador del señor poeta que no es alabado). Bastaría, en realidad, con que fueran objetivos, realistas y concretos, con argumentos sólidos para emitir sus juicios. Y me interesaría que no dejaran de observar tres posibilidades para las “tendencias” que conviven en el mismo tiempo y espacio: lo pasado, lo dominante, y lo emergente. Esto lo menciono en el sentido de que no se puede hacer crítica sin considerar los entramados que hay entre una y otra (“tendencia”), que finalmente, se convierten en la realidad de la poesía. Habrá entonces que hacer muchos intentos por buscar un verdadero y sincero análisis que verse sobre la poesía, sus causas y consecuencias, aciertos —y las más de las veces— errores, pero sobre todo, para entender hacia qué lado y en qué formas se está transformando, no sólo la poesía misma, sino también el entorno cultural que la bordea, y que inevitablemente, es un reflejo fiel de la sociedad a la que pertenece.

 

 

De lector a lector

Hugo Plascencia

A lo largo y ancho de la historia, ¿cuáles han sido los factores que intervienen para que un país sea caldo de cultivo de pensadores con teorías y pensamientos propios?, ¿cómo y quién colabora en la construcción de lectores juiciosos, rigurosos en el afán de discernir los diferentes elementos reflexivos, analíticos y argumentativos que conllevan a la disertación de una lectura en una obra literaria?, ¿existe un espacio de vulnerabilidad que tiene su origen y antecedente en las esferas de la educación, y en una no especialización encaminada a la apreciación estética de la literatura y de las artes?  Son sólo algunos cuestionamientos que me vienen a la mente al pensar en el ejercicio de la crítica en el ámbito poético de México que históricamente ha buscado encarecidamente una identidad, una escuela y una tradición con respecto a la razón crítica después de los Contemporáneos, y posteriormente con Octavio Paz, Tomás Segovia, y actualmente con José Emilio Pacheco y Jorge Fernández Granados, y otros casos más esporádicos, quedando prácticamente el panorama desierto. En la actualidad existen algunos periodistas comprometidos enfocados en la aventura de la exploración creadora de la poesía. Aunado a estudiosos e investigadores académicos, que se han mantenido al margen de la divulgación tomando un papel escéptico hacia el protagonismo que esto puede implicar, dejando muchas veces el ejercicio de la crítica a los mismos poetas, estableciendo éstos, un “doble rol o canal comunicativo”, construyendo la crítica de manera intrínseca en la creación tanto de su obra poética como en la ensayística, donde hasta ahora, se ha mantenido una cierta tradición de cánones estilísticos hegemónicos y un tanto conservadores que en cierta manera siguen rigiendo las directrices, con una perspectiva ya un poco obsoleta, que pide a gritos nuevos métodos ante las tendencias “eclécticas, híbridas y sincréticas” de los poetas jóvenes que conforman el espectro de las nuevas generaciones. Pero también es cierto que la figura de la crítica poética en nuestro país es casi inexistente fuera de algunos ensayos, y no tiene un papel preponderante ni influyente como intermediario entre la obra y el acercamiento de ésta al lector, aunque hoy podamos encontrar en publicaciones impresas y virtuales acercamientos con cierta profundidad de análisis a merced de las peculiaridades y las características propias de la columna, el artículo y la reseña, en la búsqueda de esa función social de aportar algo al lector.

 

 

El secreto favor de la falsa crítica 

José P. Serrato

La literatura es innegablemente un producto social. La crítica literaria que se hace en el país es, en su mayoría, realizada acerca de libros que no debieron salir publicados en ese momento o nunca en definitiva. También en su mayoría, la crítica literaria ha respondido a una hipocresía en la que se ve favorecido antes el amigo que la estética. Me parece interesante cómo se ha desarrollado la crítica desde la academia, en una gran parte, se ha utilizado una profusa retórica para darle interpretaciones o incluso dotar de contenido profundo a un libro banal. Para poner a dialogar textos insípidos con los clásicos, se han utilizado estrategias de citas y notas al pie y de un respaldo en pluscuamdoctorados. El egocentrismo del literato lo ha castrado, se ha quedado solo a la deriva obviándose en la sociedad. Escribe el literato para el literato.

Me parece sintomático un caso en el que un joven crítico arremetió contra varios de los autores publicados en la serie La Ceibita de la Editorial Tierra Adentro y muchos de ellos respondieron atacando al autor como si la peor ofensa les hubiera enviado. Nada mejor que esto para mostrar cómo el ego no puede extirparse de las vísceras de muchos escritores. Nada mejor que esto para mostrar cómo no se ha comprendido que el ejercicio de la crítica comienza desde uno mismo.

 

 

La crítica es también construir mundos

Jessica Piedras

“Hay que inventar mundos nuevos” dijo el antipoeta y mago, Vicente Huidobro a los 21 años. Debo reconocer que esta frase y el poema de Altazor me llevaron a un vuelo en descenso, como la misma ave que menciona el antipoeta. Hice un ensayo para la escuela, como tantos que se hacen intentando hacer crítica literaria, pero fue en vano mi esfuerzo, porque como todos sabemos las tareas se hacen para el gusto del maestro y así nos califican, dependiendo de su humor. Siempre he sido reacia para regirme por el deber ser y seguir las reglas, pues todo indicó que en ese ensayo rompí todas éstas. No creo que haya crítica literaria en el ámbito de la poesía que no termine siendo ortodoxa y académica; cuando para estos tiempos ya “debemos” olvidar ese tipo de crítica. Diré una frase, y tal vez con esta me contradiga: hay que saber primero las reglas para romperlas. Sin embargo, he tenido muchísimos alumnos que no saben nada de reglas, pero tienen mucho talento, emana en ellos y en ellas poesía, respiran poesía y no por no saber las reglas no los acepto, al contrario, son a los primeros que les doy la bienvenida. Si hay talento, vendrán después las reglas para seguirlas rompiendo.
Debo confesar también que desde la Universidad odiaba leer crítica literaria y que nos hicieran creer que seríamos los próximos críticos literarios. Preferí siempre leer a nuevos autores, nuevas formas, clásicas y contemporáneas, como a Huidobro que me impactó, y estamos hablando de un escritor de 1919. Me parece que la crítica literaria en la poesía no existe, es terreno desierto, creo más en un poeta hablando de poesía, que en un crítico hablando de poesía. El creador no habla de la creación de la misma manera que un crítico. Entonces hagamos a un lado las escuelas y hagamos guerra creando. Y sí el crítico quiere ser crítico tendrá también que ascender al grado de creador.

 

 

El penoso idealismo de la crítica mexicana

Miguel Ángel Esquivel

A la crítica de poesía en México la caracteriza teóricamente un penoso idealismo. Incluso la llamada crítica profesional con presencia en universidades adolece de lo mismo. Y peor aún, aquella crítica que principalmente se ufana en invocar una ridícula figura: la república de las letras. Nada más opuesto al lugar de donde la poesía viene y acontece. Esa crítica sólo tiene valor para el Sistema Nacional de Investigadores que no se anima a transparentar a la no crítica y sí a un cierto idealismo; el institucionalismo republicano queda-bien y la nada de ciencia. Desde el idealismo alemán, la mejor crítica la fundan los propios poetas románticos. Un poema es crítica de otro poema (su transformación) y, la poesía, su conocimiento. La mejor crítica la suelen hacer así los poetas. La crítica de poesía es un poema que deviene otro poema y así hasta el infinito. Lo dijo Bajtin y lo reiteró Lotman. Lo hizo poética Ezra Pound;  lo hace Ernesto Cardenal; lo ha hecho José Emilio Pacheco y lo hace Nicanor Parra. Y por supuesto hay excepciones: José Joaquín Blanco, Eduardo Milán y, para demostrar que en la academia otra forma de hacer crítica es posible, Evodio Escalante. Que la no-crítica se irrite y se quede con sus psicologismos, ontologismos, formalingüisticofragilísticoespirituosismos y demás. Y, punto final: Francisco Hernández es el mejor ejemplo reciente de la fertilidad de la crítica: en cada poema suyo hay un itinerario de ella. Poesía es crítica.

 

 

La crítica es ayudar al otro

Edwing Roldán Ortiz

“La labor de la crítica literaria es ayudarnos a leer como seres humanos íntegros, mediante el ejemplo de la precisión, del pavor, del deleite”, apuntó Steiner en “Humanidad y capacidad literaria”. A todos nos gusta criticar. A vuelo de pájaro ponemos atención a lo que otros dicen. ¿Para qué? Para corroborar nuestras propias creencias, pero antes que eso, y muy primariamente, para cuestionarlas. Si el otro hace las cosas bien (según un montón de factores) entonces ¿yo las hago mal? O al contrario si yo las hago bien, ¿los demás no? Evidentemente ese es un impulso de crítica que aunque demuestra ser común a todos, no alcanza a volverse algo vital en el sentido de que puede volverse en perjuicio de la convivencia. Las rencillas entre clanes literarios, no importando si son canónicos o marginados, aunque necesarios como contraparte para la construcción de un diálogo, no llegan pues muchas veces a la madurez. No buscan “ayudarnos a leer como seres humanos íntegros”, es decir, como seres cuyos discursos contribuyen a construir las condiciones para un mundo donde la comunicación sirve para la convivencia y la igualdad, en oposición a una cultura literaria que sirve a la evasión y la segregación. Así para toda creación es necesaria una crítica, y no sólo en aras de un sentido abstracto del análisis de los discursos sino también, e inseparable a lo anterior, a favor de una extensión del regocijo que nos produce compartir nuestras creaciones y nuestras críticas. Porque a la experiencia del placer puede hacerle falta la de la crítica y viceversa. En conclusión, si nuestro deseo es que las letras sean placer común de un grueso de los hablantes ––para que nuestro placer individual sea también más grande–– hará falta siempre hacer explícito el ejercicio del placer de la crítica; no solo “Organizar una manifestación/que corra, tumultuosa,/a escuchar en el zócalo un recital/de poesía” (González Rojo, Programa de vida) sino también ¿por qué no?, ir al zócalo en tumulto a criticarlos.

 

 

La autocrítica como principio de la poesía

Adriana Tafoya

Momo, era el dios de los escritores y poetas, personificación del sarcasmo, la burla y la agudeza irónica. Criticó a Hefesto por haber fabricado a los hombres sin puertas en sus pechos, a través de las cuales se pudiera conocer si sus pensamientos y sentimientos eran verdaderos. También criticó a otros dioses y por esto fue exiliado del Monte Olimpo. Sabia, la mitología griega, y atolondrada la sabiduría del poeta actual, que no permite que resurja el arquetipo del Momo que lleva dentro, sobre todo, cuando va a ejercer la autocrítica. La creación de un poeta tiene un proceso, y cada poeta en la medida que tiene conciencia de éste, puede también tener una idea de lo que considera crítica. Su filtro para aceptar un poema que pensó (sintió), escribió, y luego calificó de “bueno”, para ser leído, publicado, difundido y hasta defendido, es teóricamente “un criterio”. Un primer paso bastante lógico para ejercer la autocrítica (por supuesto basado en el conocimiento) es tener un punto de opinión, o mejor dicho, el criterio antes mencionado. Y por qué no, éste mediante el método científico, digamos. Una teoría sobre lo que es poesía y qué es un poema, ya establecidos los elementos o la fórmula, si se quiere nombrar así, el poeta tomará sus cuartillas en mano y deliberará, si coincide argumento y resultado, o mejor dicho, fórmula teórica y producto artístico, y como es lógico también, si no hay una correspondencia, estos poemas infructuosos, tendrán que dar irremediablemente, al bote de basura. Hay algo digno de tomarse en cuenta, lo anterior no quiere decir que si la presunta obra pasa la prueba, sea “arte”, pues puede ser sólo una “bella réplica” de la escritura artística de alguien más, otro creador, o incluso, hasta de un gran poeta. Sobre todas las cosas, dentro de cada poema, cada libro, cada obra, debe existir el aporte, la propuesta, el grano de arena o de pólvora, a decir de González Rojo, para que el poema sea siempre un espacio de trasmutación, engranaje que sólo posee inherente aquel que en realidad tiene conciencia de la enorme responsabilidad que es ser un poeta, y que no vive en la torre de marfil o en la cápsula de un espejismo, jugando a serlo; (esto le puede suceder a cualquiera, al aspirante a versista y al versista con premios). Somos vulnerables a la fantasía y al regodeo de un estatus de las letras. Tomamos nuestra imagen demasiado en serio.

 

 

El ISO de la poesía o la crítica del consumo

Andrés Cisneros de la Cruz

Mientras la crítica de poesía esté sujeta a un ISO (International Organization for Standardization) no podrá haber un trabajo crítico que corresponda a la realidad del trabajo poético de los autores mexicanos. El margen de calidad, así como el control estético y de contenido está sujeto a normativas que se han planteado desde círculos ajenos a la poética nacional. Ya el hecho de “tener” que considerar —porque bibliográficamente se construyeron las instituciones a la par que la mayoría de poetas nacionales que ahora están en la rotonda de ilustres (entre 1900 y 1990)— a la estructura que abrevó directamente de la tradición eurocentrista como eje, se podrá notar el por qué da la impresión de que no se hace crítica en México. Los investigadores universitarios (muchas veces en contra de su voluntad) se dedican a estudiar y reestudiar los mismos autores “representativos” de una idea “nacional”, y no se acercan a las múltiples estéticas que se desarrollaron a lo largo del siglo XX (mucho menos a las que se están desarrollando en el siglo XXI), dejando un déficit significativo, puesto que los especialistas capacitados para realizar este trabajo, resulta que volverán a hacer un estudio Ramón López Velarde. Todos los tomos críticos sobre Velarde son proporcionalmente cuantiosos a la crítica que se escribe sobre todos los demás poetas. Puede parecer exagerado, pero esa es una realidad tácita. Por qué los medios alternos no hacen entonces crítica. Porque por una parte están los círculos periodísticos que obedecen mayoritariamente a un mercado, y por otra parte, en proporciones más pequeñas a grupos de autores “reciclados del circuito comercial” que se dedican a revisitar la obra de autores rumanos, ingleses, polacos, etc. Aquí ya no estamos hablando de calidad, sino del aparato que determina cuál es ésta. Baste saber que 90% de la población poética escribe directamente bajo el influjo de un marco mediático de autores asumidos como “patrimonio nacional”: Paz/Sabines/Huerta, y el otro 10% son autores que obedecen esencialmente a revisar la tradición poética hegemónica para pelearse la legitimación a partir de valoraciones vacuas que nunca se abocan al contenido, y únicamente dedican a comparar los marcos literarios de los autores que precedieron dicho canon. Habrá dejar en claro que no es un canon el que existe en México, aunque sea sólo uno el que rige. Por otra parte dentro de ese 10% hay también una gama de poetas independientes (1%, tal vez), pero que rara vez se ven atraídos a escribir sobre sus compañeros de generación o época, puesto que tienden a ser autores “alienados” y que no tiene marcos referenciales para una lectura de la poesía que se está escribiendo en tiempo real. Algo es claro, hacer crítica requiere de especialización. Al igual que hacer poesía. Y aunque especializarse no está divorciado de lo empírico, la legitimación de una opinión tiene que ver más por los espacios “ganados”, que por el ejercicio crítico en sí, y es natural en tanto que obedece a la lógica de que “lo que hay es lo que ves”, lo demás es rumor, vox populi, elementos vernáculos que suelen tomar los “autorizados” para legitimar sus puntos de vista sobre las novedades editoriales de sus cuates. Por qué conviene a la estructura dominante tener regulada la creación poética. Hasta la pregunta es ociosa, pero vale la pena apuntarlo, pues aunque parece obvio, no para todos la poesía es una entidad útil, ni la consideran un elemento sustancial para transformar la realidad; para gran parte de los poetas nacionales (hablando de ese 10% de poetas consentidos por el Estado) ve la poesía como un modo de expresión, de ratificación y diálogo con los contemporáneos, como manifestación de su tiempo, o en el mejor de los casos como una prueba de “libertad”. Cualquier de las clasificaciones anteriores corresponde a la idea de que la poesía es universal y está sujeta al ISO (¿obligatorio?) que se ha determinado para enseñar literatura en las universidades mexicanas. De este modo el rango de calidad se extiende literalmente como un “cielo”, que yace a miles de kilómetros del “vulgo poético e iletrado” (en muchos casos cierto, pero en otros no tanto) que habita la tierra. Los supervisores  normativos  se han “agandallado” el denominativo general de “críticos” para determinar (censor de censores) si son favorables al plan mundial de humanidad que se tiene previsto para el desarrollo existencial de aquí a cien años. Al final, lo que aparece como crítica en los medios periodísticos y universitarios, no varía mucho de una nota de pseudociencia que después de “múltiples investigaciones llegó a la conclusión de que los hombres de nalgas grandes piensan más”. Al final, lo que aparece como “crítica” no son sino indicadores para inclinar la tendencia hacia cierta postura, ideología o política a ejercer en ese período. La mayoría de los autores que están a la vista, son cómplices de un crimen de Estado. Pero evidentemente nadie se da cuenta, porque ellos son los que “tienen la custodia” del conocimiento y por ende el dominio de los procedimientos legítimos de “crítica”, ISO nuestro, benefactor de la humanidad y su derecho de servicios.